
-Estoy lista Paolo, ya podemos irnos- Dijo Elisabetta tras haberse atado los cordones de sus botas.
-Claro, pero antes, quiero decirte algo, verás... quiero que seas la dueña de mi casa.
-¿¡Cómo!?- Se sobresaltó
-Me muero, estoy enfermo y no puedo pagar el tratamiento, asique me temo que he de morir, no hay otra.
-Ni de coña, no te vas a morir.
-Ojalá eso fuera cierto.
-Lo es, no voy a permitirlo, si hace falta me quedo sin herencia de mis padres, pero voy a conseguir el dinero, ya lo verás.
-No, esa herencia es tuya, sólo tuya.
-Exactamente, es mía, y hago con ella lo que quiera, está decidido, no vas a morir.
-Lo siento, no voy a aceptarlo.
-Por favor, acéptalo, no quiero que mueras.
-No, está decidido.
-Está bien, pues cásate conmigo.
-Ni si quiera somos pareja.
-Pero si vas a morir, hay que hacerlo, piensalo, si no murieses esto sería la típica historia de amor en la que tu y yo solo somos amigos que viven juntos, entonces nos enamoraríamos y seríamos novios y al cabo de un tiempo nos casariamos, hasta que la muerte noss separase. ¿Por qué no saltarse todo eso?
-¿Y si una vez casados nos arrepentimos?
-Da igual, total... vas a morir, ¿no?, venga Paolo, ¿Qué dices?
-Sí, quiero.-Esbozó una sonrisa- Pero venga, vamonos de esta habitación.
-Espera,-sonrió ella también, y le besó.
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