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domingo, 19 de septiembre de 2010

Capitolo settimo: Il giorno di nozze


-Buongiorno principessa, hoy te he traído el desayuno a la cama-Dijo Paolo entrando a la habitación con una bandeja llena de comida: un cuenco de fresas cortadas con azúcar, un zumo de naranja recién exprimido, un plato con dos tostadas aún calientes con mantequilla, un bol de cereales y leche y una taza de café en una esquina de la bandeja.
Elisabetta estaba tumbada en la cama con una coleta altay los párpados cerrados, cuando oyó a Paolo entrar abrió los ojos, sonrió y dijo:
-Esta es la mejor mañana de mi vida.- En efecto lo fue, puesto que ese día, era el día de su boda.
-En unas horas seremos marido y mujer, imagínate, nos iremos de Luna de miel a París, te llevaré todos los sábados y domingos el desayuno a la cama, y en unos meses...
-En unos meses no estarás aquí, cabezota.
-¿Sigues enfadada?
-Es que francamente, no te entiendo, no entiendo por qué no quieres ayuda, parece que te quieres morir.
-¿Crees que no me levanto todas las mañanas pensando lo feliz que soy, y lo que me jode que vaya a morir? Pero esque nno me parece bien aceptar ese dinero cariño.
-Está bien, no pensemos en eso, que hoy es el mejos dia de nuestras vidas. Vamos a disfrutar del desayuno anda.


Al cabo de unas horas todo estaba listo, incluso los invitados, el novio, y la novia. La boda era en un jardín, con un arco de claveles azules, las sillas de los invidados estaban cubiertas por unos mantos en los que había los mismos claveles que en el arco, bordados a mano, el altar estaba cubierto por el mismo manto y encima de éste se encontraba la biblia.
Elisabetta estaba con su mejor amiga del instituto Bianca. Ya llevaba algo viejo; unos pendientes de su abuela, algo nuevo; un colgante de oro blanco que le había regalado Paolo, algo prestado; una pulsera de plata que le había prestado Bianca y sólo le faltaba algo azul.
Paolo ya estaba en el altar, Elisabetta aún estaba pensando qué objeto azul podría usar, entonces Bianca recordó los claveles azules:
-Tengo unos claveles azules para adornar mi cocina, te pondré uno con una horquilla en el pelo
-Genial, pero rápido, los invitados esperan.

La boda continuó, todo iba perfecto, o eso parecía:
-Elisabetta...¿tomas como esposo a Paolo para amarle y honrarle, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y la prosperidad y serle fiel hasta que la muerte os separe?-En ese momento apareció Carlo Bass y gritó:
-¡Paren la boda! ¡Ella ha estado todo este tiempo engañándole!
-¿Qué? ¡Eso es mentira! ¡Déjalo ya Carlo, ella me ha elejido, me quiere a mí!
-Pues continuad si queréis, pero ella ha estado todos estos meses engañándote conmigo!
-¡Eso no es cierto!, ¿No es cierto, verdad Eli?-Preguntóo dirigiéndose a su novia.
-Lo cierto es... que sí. Paolo... quiero a Carlo, le quiero, no puedo hacer esto, lo siento.- Y se fue.

Pareció ser que Paolo lo había perdido, pero estuvo diez años visitandola en un hospital, no iría a dejar que se le escapase.

1 comentario:

  1. Me he leído todos los capítulos y me está gustando mucho, sigue así que yo lo seguiré visitando, trabajo en una imprenta y creo que podríamos llegar a un acuerdo

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